CUENTO DEL ÁRBOL SOLITARIO

CUENTO DEL ÁRBOL SOLITARIO

Había una vez una niña que siempre jugaba en la sombra de un árbol a la orilla del mar.
 
Uno de esos días nublados en los que no hacía demasiado calor, la niña trepó al árbol y se sentó en la rama para escuchar las olas del mar. 
 
En ese momento y cuando ella menos se lo esperaba, escuchó un sollozo, sin determinar con exactitud el lugar del que provenía. Como la niña estaba en silencio, finalmente pudo apreciar que dicho sonido salía de las ramas del  árbol. 
 
-¿Estás llorando árbol?- dijo la niña

  
  Si, siento mucha soledad. –Le dijo el árbol.
Ya soy viejo y estoy muy encogido.
El paso de los días hace que  mi tronco esté más doblado y mis ramas empiezan a producir pocas hojas.
Ya no vienen los pájaros a jugar conmigo, ni el viento me acaricia al pasar.
Nadie se tumba en mi sombra, porque al ser tan pequeña no resulta adecuada.
Pronto llegará un día en que el leñador cortará mi tronco y ya no sufriré más.
 
 Ohhhhhh, que pena amigo árbol.
Siento mucho que tengas este padecer.  
Para mi, sin embargo será muy doloroso que no estés.
¿Dónde pondré  mi cuerda para hacer mi columpio y balancearme mirando al mar?
¿En que rama subiré para escuchar las olas del mar?
¿Cómo lograré leer mis cuentos sin poder apoyarme en tu tronco y recibir rayos de sol?
¿Cómo podré traer aquí a mis amigos y jugar alrededor de tu tronco? 
 
Amigo árbol, creo que has pasado demasiado tiempo centrado en tu soledad sin darte cuenta que estás cada día rodeado de niñ@s que adoramos tu compañía. 
 
El leñador no vendrá a talar tu tronco, porque tu eres el único que siente que ya no sirve para nada, sin embargo, el leñador se acomoda aquí cada día al ponerse el sol y para él eres tu compañía es tan importante como para todos los demás. 
Abre tus ojos, sal de tu interior, observa todo lo que ocurre alrededor de ti. Solo así tendrás una visión de ti mismo diferente. 

 

 

 

La soledad elegida es una decisión positiva
porque ayuda a mirarnos adentro a nosotros mismos,
es un buen lugar para encontrarse,
pero uno muy malo para quedarse. 
 Y como decía Juan Ramón Jimenez: “En la soledad no se encuentra más que lo que a la soledad se lleva”.