LA CAÍDA DE LAS HOJAS O EL SÍMIL DE LA MUERTE

Quería escribir algo con ocasión de la festividad del Día los difuntos, y mientras la gente visitaba los cementerios para sentirse cerca de sus seres queridos, yo me senté junto a una chopera y esto es lo que pensé viendo las hojas caer.

¿Alguna vez te has parado tranquilamente para ver como caen las hojas de los árboles?

A mi me relaja mucho sentarme en una chopera y observar como caen las hojas lentamente, planean desde lo más alto de la copa del chopo hasta que tocan la tierra y en ella se asientan.

Mientras las miro caer con lentitud y elegancia, las siento conocedoras del destino al que se enfrentan, con toda su majestuosidad y me hacen pensar en nosotros, los humanos.

Al igual que las personas y animales, las hojas de los árboles concluyen con su propio ciclo vital.

Nacen, crecen y se caen o mueren y en cada una de esas fases cumplen una misión muy importante: ¡¡¡VIVEN!!!!.

Amarillos

 

Las hojas nacen y con ayuda del sol se ponen verdes para tener clorofila que más adelante el tronco del árbol utilizará para nutrirse, dejando a la hoja con un color más amarillento o rojizo, hasta que se cae y ya marrón y en el suelo, sirve de fertilizante al tronco.

De esa forma, en el árbol vuelven a salir hojas nuevas llenas de energía, buscando al sol, sintiéndose vivas y radiantes con su intenso verdor.

Las personas cumplimos también nuestra misión en la vida, tenemos nuestro propio ciclo vital, aunque a veces no seamos conscientes de ello.

Nacemos y crecemos, a veces nos reproducimos y después…caemos o morimos.

Este ciclo vital que tan espontáneamente es vivido por las plantas y los animales, es algo mal asumido por nuestra cultura occidental.

Es cierto que nacemos, crecemos, pero es entonces, cuando empezamos a luchar contra lo natural, dando un trato de favor a lo artificial o antinatural y de ese modo nos desprendemos de nuestra verdadera esencia.

Vivir el presente y aceptar nuestro ciclo de la vida es lo que nos dotará de energía para brotar, al igual que las hojas de los árboles.

Es así como podremos vivir nuestra caída de una forma sabia y sana, sabiendo que aún así, con la muerte, llegaremos a seguir siendo útiles, porque siempre habrá alguien que nos recordará en algún lugar.

He visto hojas que estaban en lo alto de la copa del árbol, y que aún creyendo que tocarían el cielo, han caído también y su destino ha sido el mismo que el de otras hojas  situadas en las ramas más bajas.

De éste modo, también aprendo que no por estar más arriba vas a dejar de caer, aunque la distancia recorrida no sea la misma, el final si que será igual.

Con éste símil de las hojas, quiero expresar que la alegría de vivir, está en la aceptación de nuestra vida, de la que forma parte la muerte, como un proceso natural que debemos asimilar.

Asumir esto, nos ayudará a vivir nuestro presente de una manera más intensa.

Si conseguimos brillar con nuestra propia luz, nos despojamos de todo lo superfluo y aceptamos nuestra esencia, podremos permanecer en el presente.

Paisaje con lluvia

OS DEJO UNA LINDA PARÁBOLA ACERCA DE LA MUERTE

Parábola de las semillas de sésamo

“Una joven y afligida madre, lamentando la muerte de su bebé, busca consejo en Buda.  La mujer explica a Buda su insoportable pesar y su incapacidad para reponerse a esa devastadora pérdida.  Buda le pide que llame a todas las puertas del pueblo y pida una semilla de sésamo en cada casa en la que no se haya conocido la muerte.  Después, deberá traérselas a él.  Ella, obediente, va de puerta en puerta y, mientras sale con las manos vacías de cada una de las casas, comprende que no hay ningún hogar que no haya sido azotado por la muerte.  La mujer regresa donde Buda sin semilla alguna, y Buda le dice lo que ella ya ha comprendido: que no está sola.

La muerte es algo que alcanza a todos, a cada familia.  Es sólo una cuestión de tiempo. Lo que es inevitable, le dice el maestro, no debe lamentarse en en exceso”.

El día se va acabando.

Fotos cedidas por José Manuel Pérez.