EL FIN DE LA ESPERA


“OJALÁ QUE LA ESPERA NO DESGASTE MIS SUEÑOS”. 
                                                  Mario Benedetti


Un día me levanté por la mañana y decidí que ya no quería esperar más. No quiero esperar más de mi, no quiero esperar más de los demás, no quiero esperar más de la vida. Entonces, decidí actuar, me liberé de esa responsabilidad de tener que cumplir continuamente con mis expectativas, de vivir esperando los deseos de los demás, esperar que de la vida lloviesen mis sueños. Fue esa mañana cuándo empecé a conseguir objetivos no esperados con recompensas añadidas. 

¿ME PREGUNTAIS QUÉ ES LA ESPERA?
La espera es esa situación que no te deja pensar mas que en aquello que hoy podría estar pasando.

LA ESPERA DE UNO MISMO: 

Quien de vosotros no ha hecho nuevos propósitos de ponerse en forma cuándo pasen las navidades, después del verano, antes de una celebración… Pensamos que después de las  vacaciones estaré más descansado para atender a la gente que quiero y que les dedicaré más tiempo. Esperamos siempre que se de la circunstancia para estudiar algo que estamos deseosos de aprender, suponemos algún día le declararemos a alguien nuestro amor, que habrá lugar para hacer ese viaje que siempre hemos querido hacer, y que llegará la ocasión en la que podré ser feliz.
 
Todo aquello que realmente deseamos no depende de la espera. Esa es la excusa que tenemos para no intervenir y no coger las riendas de nuestra vida. Cuándo algo se desea con intensidad, la espera desespera y en consecuencia actuamos de inmediato para obtener el resultado esperado. Imaginad a dos amantes que se encuentran en la parada de un tren ¿se quedarían esperando para lanzarse a los brazos del ser amado?
Pensad por un momento que os dicen que tenéis que vivir en un mes todo lo que podáis porque luego ya no podréis hacerlo. ¿Tu esperarías? Yo no…
                   NO ESPERO DE MIS SUEÑOS MAS,

QUE LO QUE DE MIS SUEÑOS NACE. 

 
Todo lo que esperamos de nosotros mismos, todo lo que nos exigimos como imperativo legal sobre nosotros, las expectativas que proyecto sobre mi a corto medio  y plazo y que luego, la mitad de las veces no consigo, provocan en mi una enorme frustración y pensamientos de incapacidad personal a veces difíciles de reparar. Atentamos de este modo contra nosotros mismos, contra nuestra autoestima y contra nuestra seguridad personal. 
¿Tú permitirías que alguien te tratara así? ¿Entonces por qué lo haces tú contigo mismo? 
 
El objetivo en este caso es aceptarnos tal y como somos, creer en nuestras capacidades y aceptar nuestros errores. Viviendo el presente, el ahora, es así como dejaremos de esperar algo para el futuro y al exigirnos menos, aquello que consigamos nos gratificará más y las recompensas será más emocionantes y las viviremos con más intensidad. 
 
LA ESPERA DE LOS DEMÁS:
 
Escuchamos decir  continuamente que amigos, familiares,  compañeros, pareja, etc, me están fallando.
Esperamos de los demás más de lo que realmente ellos quieren dar, del mismo modo que ellos esperan de nosotros también. Ocurre que en el momento que no se obtiene el resultado esperado, la expectativa que tenemos en las otras personas no se cumple y nos sentimos decepcionados y frustrados por ello.
Con este modo de acción, llegamos a utilizar incluso el “chantaje emocional”, manipulamos al otro, coaccionamos y si finalmente no conseguimos nuestro deseo, decimos que nos ha fallado, que nos ha defraudado, que esa persona no merece la pena.
En realidad, no es que esas personas nos fallen, sino que estamos limitando la libertad del otro, llegamos incluso a obligar a que se comporten de acuerdo a lo que esperamos de ellos, sin permitir que se manifiesten tal y como son y que nos den aquello que ellos quieran dar, con ello ni nos sentimos mejor ni hacemos crecer libremente a la otra persona, la relación nunca llegará a ser plena, estará condenada al fracaso en algún momento de la vida. 
¿Y cómo podemos dejar de sentir así?
 
Hay que aprender a dar sin esperar nada a cambio. Ofrecer lo que tengo si quiero o me apetece darlo. Analizando como me gusta a mi que me traten, aceptaré la libertad del otro. Unicamente si nos conocemos a nosotros mismos, salvamos nuestros miedos, cogemos el timón de nuestra vida y ganamos seguridad en nuestro ser, podremos dejar de esperar algo de los demás y con ello nos sentiremos mucho más liberados de la esclavitud de esperar algo de alguien. 
 
A todos nos gusta que nos reconozcan lo que hacemos, que nos alaben, que nos digan cosas bonitas, que nos valoren, pero de ahí a depender emocionalmente de ello hay una distancia prudencial. Dejar en manos de los demás nuestra propia felicidad, es un atrevimiento inútil que nos llevará al abismo de nuestra esencia. 
 
SI ESPERAS QUE LOS DEMÁS OPINEN DE TI, SERÁS UN ESCLAVO DE SUS PENSAMIENTOS. 
 
 
¡¡¡¡ LIBERATE YA, TU VIDA ES TUYA Y TIENES QUE VIVIRLA!!!!!