LISTADO DE LUGARES QUE ME VIERON CRECER Y ME DEJARON UNA HUELLA

Los lugares que me vieron crecer y me dejaron una huella es el post que sucede al de  Para ser felices debemos rememorar el pasado.

Os voy a ayudar con un listado a recordar aquellos lugares en los que un día estuvimos y que marcaron nuestro presente: con sus gentes, sus experiencias, olores….

Listado de recuerdos que nos darán mucha información de nuestra vida actual.

  1. Lugar en el que naciste, nombre de la calle.
  2. ¿Fui a la guardería? ¿Cómo era, dónde estaba?¿Cómo era mi profe?
  3. El colegio al que fui y el entorno en el que estaba el mismo.
  4. La calle, el parque, la acera…en la que jugaba.
  5. Mi dormitorio, como era, que había en él.
  6. Los juguetes y juegos que manejaba
  7. El instituto y su entorno.
  8. La Universidad, la ciudad en la que estudié.
  9. Mi primer lugar de trabajo, su entorno, ¿como era?
  10. Lugares que visitaste con tu familia.
  11. El sitio en el que te refugiabas cuando estabas triste.
  12. El lugar que te hacía más feliz.

Una recomendación es que vuelvas a aquellos lugares que visitaste con tu familia, siente, percibe, revive los momentos. ¿que información te transmiten, que sentimientos y emociones te proporcionan?

Podemos cambiar nuestro pasado, las cosas que ocurrieron, los acontecimientos con gente, para resolver los problemas del presente y poder ser más feliz en el futuro. ¿pero esto es, un viaje en el tiempo? Si, exacto, pero de una forma sencilla y natural, nada de ciencia ficción.

TRES PASOS  PARA TRAER EL PASADO AL PRESENTE DE FORMA FÁCIL:

  1. Piensa en un momento de tu pasado que te hizo sentirte mal. Visualiza el lugar, a las personas, intenta recordar los olores, los colores, cuanta más sensaciones tengas más fácil será reparar el daño.
  2. Imagina en tu mente que cambios son los que te gustaría que se produjeran
  3. Visualizate ahora en esa nueva situación. ¿que emociones y sentimientos experimentas?

Os dejaré un ejemplo para que os sirva de apoyo. Acciones tan simples como lo que me ocurrió de pequeña, pueden hacer mucho daño en un futuro. A esta historia la llamaré mi historia de la Casera blanca. 

 

 “Cuándo era pequeña, con unos 10 años, tuve una fuerte discusión con mi  padrino. Se empeñó en que ya tenía edad de que se me quitaran los miedos infantiles, porque yo siempre he sido muy miedosa. De esta forma me enviaron a coger una botella de casera blanca al patio, yo sola.

La educación de aquella época era menos sobreprotectora que la que hay ahora, pero a veces se pasaba de claro-oscuro. Mi padrino que tanto me quería y que en ningún momento quería hacerme ningún daño, decidió que su niña ya tenía edad para ir sola al patio y quitarse el miedo a la oscuridad.

Era de noche, no había luna, con lo que el patio estaba muy oscuro a pesar de encender la tenue luz que había instalada en el mismo.

Olía a flores porque era primavera y los nardos crecían en las jardineras. No olvidaré nunca el terror que me produjo salir sola al patio. Con el fin de no decepcionar a mi padrino que tanto yo quería y quise, lloraba de pánico, gesto que se interpretaba como que ya me estaba haciendo más fuerte de carácter. Yo corrí tanto que rompí la botella de casera y entonces se desató la furia de la frustración por parte de todos, gritos, llantos y castigo incluido.

Me pareció una situación tan injusta que se la recordé durante algún tiempo de mi vida, guardando hacia mi padrino un resentimiento que nunca entendí hasta que un día recordé lo ocurrido aquella noche.

En ese momento pude comprender lo que me ocurría con la oscuridad, y me permitió comprender a mi padrino, y su afán poco instructivo de quitarme ese miedo. Dejé de tener miedo a la oscuridad y se me acabó el recelo hacia él. Mi padrino-tío jamás volvió a permitir que saliera sola al patio, hasta que un día por mi propia cuenta, decidí que el patio de mi casa a oscuras era el lugar perfecto para mirar las estrellas.

El segundo paso es imaginar los cambios que me gustaría que hubieran sucedido, por ejemplo que mi padrino, al que yo adoraba, me acompañara a coger esa botella de casera y yo no hubiera tenido esa sensación de pánico y de rencor hacia él, porque en realidad me sentía traicionada por una persona a la que adoraba.

Por último me visualizo recogiendo la botella de casera, compartiendo con ellos la mesa con amor, y me siento mucho mejor. Puedo incluso pensar en las conversación que hubiera mantenido en ese momento, y las historias que nos contaba en esas noches de sábado en las que venía a visitarnos.

El poder de nuestra mente es intenso y poderoso, más de lo que nos podemos imaginar, solo es cuestión de ejercitarlo y ponerlo en práctica, hay muchas cosas que pueden cambiar, y con ello nos podremos sentir mucho más en consonancia con nuestra realidad, y nos permitiremos entender cosas que de otro modo no sería posible.