Tomando el fresquito en la calle con mis vecinas

Echo de menos aquellos años que pasaba tomando el fresquito en la calle con mis vecinas. 

Salir a charlar a la puerta con la vecindad es algo extraordinario, y aunque no lo creáis, aún hay barrios en ciudades que siguen manteniendo esta sana costumbre.

Recuerdo de pequeña que nuestra familia se sentaba a tomar el fresco, cada una con su silla acuestas dispuestas para el gran acontecimiento del día (sentarse a charlar con las vecinas, jugar al bingo o simplemente cotillear). Mientras tanto, los niñ@s jugueteábamos al escondite, al pilla pilla, a la gallinita ciega… etc.

Esas reuniones nocturnas tienen todo el poder terapéutico que hoy en día puede tener ir al psicólogo y más poder sanador que cualquier pastilla contra el insomnio y os voy a contar la razón:

  1. Se tiene la ilusión todo el día de que llegue la noche para encontrarte con personas a charlar.
  2. Te pones al día de acontecimientos de tu pueblo, calle o barrio.
  3. Profundizas en conversaciones importantes
  4. Sales de casa y te da el fresquito de la noche.
  5. Conoces a las personas más profundamente, con lo que empiezas a restar importancia a tu propio ombligo.
  6. Puedes pedir información y opiniones sobre diversos aspectos (por ejemplo: viajes, excursiones, formas de afrontar la menopausia, relaciones sexuales…) porque tantas noches juntas dan mucho que hablar.
  7. Te pones al día de los éxitos y dificultades de tus vecinos, de sus achaques y temores. Esta acción nos da una oportunidad buenísima para poder ayudar, dar ánimo y contagiarse de la alegría

Tomando el fresquito con las vecinas“, se alivian tensiones, ansiedad, depresión, insomnio, mejora la autoestima y se trabaja la solidaridad y empatía de una forma muy natural.

Actualmente, se ha añadido una variante a tomar el fresco por las noches, y es ir primero a darse una caminata para “bajar el colesterol”, y luego sentarse a seguir contándose la vida y porqué no, la vida de los demás. En ese momento de cotilleo, te puedes enterar de más cosas que si leyeras todos los periódicos, vieras todos los telediarios o escucharas los informativos de la radio.

Para este cotilleo, facebook, está aportando mucho, porque gracias a las redes sociales y a la alfabetización digital, las personas podemos “cotillear” mucho más, sobre todo de tod@s aquellos que tanto gustan de exponer su vida en público.

Una mujer mayor me decía este verano: “pues si fulanico está todo el día poniendo cosas en el internet ese, que yo hice un curso en Guadalinfo y ya se del facebook, pues luego que no se queje si lo criticamos”.  Con lo bien que nos lo pasamos, le faltó añadir.

Tengo que agregar, que las noches de verano al fresco son auténticas fiestas de degustación de todo tipo de alimentos y bebidas. De vez en cuándo alguna vecina saca un bizcocho recién hecho, o impresiona al resto con un vaso de vino que le han traído de algún que otro sitio, o una carne en salsa que le ha salido riquísima y que necesita de la aprobación de las demás.

Aunque aún sigue esta tradición en algunos lugares, tengo que decir que esta costumbre se está perdiendo, transformado y dando paso a una vida más rápida, en la que se comparte menos, se toma más medicación y se vive con mayor soledad.

Las charlas con los vecinos han sido sustituidas por programas de cotilleos y tertulias absurdas de televisión, en la que ya no conoces a los protagonistas y ellos no te conocen a ti, por tanto dejas de tener una conversación activa para adentrarte en la soledad de vidas extrañas, que poco tienen que ver con tu realidad.

El fresquito natural de la noche, el tintineo de los abanicos y las puertas abiertas, se ha sustituido por los aires acondicionados, puertas cerradas y corazones solitarios.

Os dejo por último un vídeo muy gracioso sobre los inconvenientes de “Tomar el fresco”, lo que más me ha gustado es cuándo dice un chico: “es que se ponen a hablar y no me dejan escuchar la tele”.

Entonces que hacemos, ¿tomamos juntos el fresco?