Uno de esos días que no conoces ni a tu sombra.

Uno de esos días que no conoces ni a tu sombra, y decides mirarla de frente. ¿Mi sombra? Es justo lo que un día me pregunté cuando miré y vi que algo estaba detrás de mi.
Un día me levanté y sentí que algo parecido a una sombra me perseguía. No supe ver con mirada amplia lo que ocurría.
Seguí haciendo la maleta de forma automática para realizar un viaje de negocios como solía hacer una vez a la semana, mientras hablaba por teléfono con una cuidadora  para que se hiciera cargo de mi hijo en mi ausencia, y respondía un par de wassap  al grupo de madres del colegio de mi hijo.

 La sombra seguía insinuando su presencia sin atreverse a manifestarse. Sentí de pronto un abismo entre lo que soy y lo que tenía  delante. 
 
Me paré un momento y decidí observarla, pero no la reconocí. 
 
Mi sombra era completamente diferente a como yo me imaginaba. Por un momento pensé que se trataba de la sombra de otra persona, así que no reparé en ella, no hice el más mínimo caso.
 
De pronto me di la vuelta y noté como esa sombra me perseguía, entonces comencé a tenerla un poco en cuenta, pero aún no descubrí la realidad.
Me agaché y ella se agachó, me incliné hacia la derecha y ella también, hacia la izquierda, ella se movía en la misma dirección. 
 
Ocurrió lo que tenía que ocurrir, que descubrí que esa era mi silueta. Esto me hizo reflexionar durante un largo rato.
Si no reconocía mi sombra, si no me identificaba con ella, quizá es porque había dejado de mirarme a mí misma y en realidad era a mí a quien no conocía. Me había perdido, estaba perdida en la inmensidad de mi existencia. Había desconectado totalmente de la esencia verdadera de mi ser. 
 
Cuando logré salir de ese estupor en el que mi sombra me había metido, reflexioné durante un gran rato y observé lo que estaba ocurriendo: Llevaba demasiado tiempo mirando hacia fuera, a las cosas materiales de la vida, el trabajo, el coche, la casa, los niños, mi pareja, mis padres, hermanos, comprar, los amigos, las tareas domésticas….y de pronto me invadió un gran vacío interior que me hizo preguntarme cosas básicas que en el día a día de mis obligaciones diarias había olvidado pensar:  

¿y quien soy yo? 

¿qué me gusta?, 

¿Cuáles son mis necesidades?, 

¿hacia donde quiero ir?, 

¿qué cosas no quiero que estén presentes en mi vida?

¿Con quien quiero pasar mi tiempo y con quién no?…..

En ese momento decidí parar, bajarme del círculo corrosivo en el que estaba metida y entrar de lleno en mi vida. 
 
Al cabo de algunos días, volví a mirar mi sombra, esta vez mucho más intensa que antes, más clara, más relajada y la reconocí, me pude ver en ella tal como soy.
Eso me llenó de alegría y por fin aprendí a prestarle toda la atención que ella necesita. 
 
 
Este pequeño relato trata de explicar  la necesidad de prestarnos más atención a  nosotros mismos. Despojarnos de todo lo superfluo que rodea nuestra vida para centrarnos en lo esencial, que somos nosotros.
Muchas veces nos solemos rodear de ruido exterior para no escucharnos, pero ese no es el camino para reconocernos, lo único que hacemos es distraernos y entorpecer nuestros deseos.  
 
Necesitamos conocernos un poco más, reparar en nuestras necesidades, dedicarnos algún que otro momento al día para pensar, basta con 15 o 20 minutos, pero pensando solamente en ti. 
¿Te parece una tarea sencilla? 
 
¿No tienes tiempo de hacer eso? 
 
Hoy vamos a hacer una prueba. ¡¡¡¡ INTENTEMOS AHORA!!!! 
 
Apaga la televisión o la radio, intenta ir a algún lugar caminando tu solo, desconecta tu móvil durante 15 minutos.
Hoy empezaremos solo con estas sencillas tareas. Coger ese tiempo en 24 horas es muy sencillo, pero hay que desear hacerlo. 
 
Como todo aprendizaje, esto necesita un entrenamiento diario e incluso una estrategia para poder llevarlo a cabo con la mayor garantía de éxito. 
Te aseguro que con estos pequeños pasos diarios, que no suponen demasiado, tu vida será mucho más intensa.
 

La foto última es cortesía de Encarni Romero. Agradezco su aportación.