DEPENDENCIA Y AMOR. Dia de las personas mayores

Ayer, día 1 de Octubre fue el Día Internacional de las personas mayores. 

En este post hago un pequeño homenaje a aquellas personas mayores que tengo cerca de mi, porque el amor puede seguir en sus vidas, y con esa edad, uno descubre por fin, que lo más importante que hay en esta vida es el amor, es lo que queda presente, porque el resto de cosas se desvanece como un castillo de arena.

Me gusta dar amor a mis mayores y recibirlo, porque es el más auténtico, igual que el de los niños.

Yo lo celebré bajándome a leer a la playa, vicio que tengo desde que vivo en zona costera.

El libro que ahora tengo empezado es el de Isabel Allende: El Amante Japonés. Trata sobre el Amor, la pasión y la solidaridad, la amistad en personas de más de 65 años que pasan sus últimos días en un centro  residencial de ancianos que tiene unos clientes muy especiales.

 
Mientras leía, levanté la vista un momento y vi pasar a una mujer y un hombre cogidos de la mano y con una gran sonrisa de oreja a oreja. Sospeché que su edad rondaría los  80 años. Posiblemente vivieran en la residencia que está situada frente a la playa en la donde yo estaba plácidamente sentada. 


Ella, con el cuerpo encogido por la edad, la piel  arrugada y el caminar incierto,  pero con una cara de felicidad que contagiaba. Él, con cuerpo delgado y fuerte y un audífono en la oreja. Se pararon frente al mar y se fundieron en un largo abrazo. ¡¡¡¡ME EMOCIONÉ!!!!!!
 
Entre tanto, yo seguía leyendo mi libro totalmente absorta en uno de sus párrafos que con tanta sabiduría están escritos. Os lo dejo para que opinéis y os sirva para reflexionar:
 
 
Una amiga le dice a la otra: 
 
“-Yo también tenía terror de la dependencia, pero me he dado cuenta de que no es tan grave. Una se acostumbra y agradece la ayuda. Yo no puedo vestirme ni ducharme sola, me cuesta cepillarme los dientes y cortar el pollo en mi plato, pero nunca he estado más contenta que ahora….
Porque me sobra tiempo y por primera vez en mi vida nadie espera nada de mí. No tengo que demostrar nada, no ando corriendo, cada día es un regalo y lo aprovecho a fondo”.
Justo esto es lo que yo estaba viendo delante de mí, dos personas mayores amándose, sin miedo al tiempo, sin temor a sus arrugas y sin molestia de un audífono en una oreja curtida por el tiempo.
 
Justo eso es lo que veo ahora en mi padre y en mi madre tras 50 años de casados:  miradas de complicidad, caricias de amor y  risas de amantes, sobrepasando la angustia de los 21 años de dependencia de mi madre y todos los cuidados que mi padre le proporciona desde entonces, día a día, mes tras mes, año tras año.
Mi madre siempre dice que no tenía más que tiempo para trabajar y que gracias a su situación, ahora tiene todo el tiempo del mundo para amar y divertirse. Para escucharnos y conversar. Ya no tiene nada que demostrarnos, porque con su amor lo ha demostrado todo.
Eso es lo que hace ella ahora, darnos luz a todos los que la rodeamos…
 
Cuánto me enseñan…