¿TU COMES CON LA EMOCIÓN EN LA MESA?

¿Quién no ha vivido en algún momento de su vida ese instante en el que atracamos el frigorífico o que se come la tableta de chocolate entera, pensando que aliviaremos nuestros miedos y frustraciones?

                ¿Cómo os habéis sentido después de esto?
¿Se ha reducido la ansiedad, o por el contrario aumenta?
 
Arrepentimiento, rabia, tristeza, frustración son unas pocas emociones que siguen a ese acto de comer de forma compulsiva.
 
Comer con las emociones en la mesa, tiene varios significados:

 
– Por un lado, si el acto de comer es para eliminar emociones negativas, lo que estoy haciendo es aumentar ese vacío con bocados que nos alimentarán la pena, la frustración, la fatiga. No encontraremos la respuesta a nuestro problema, y el resultado no será el deseado (conseguiremos engordar, empeorar la salud y no disfrutar del momento).
 

2. Si me alimento para disfrutar con la comida, entonces , disfrutaré, saborearé, me dará placer, incluso podré compartir momentos de gran alegría con otras personas. 

  Las razones por las que pretendemos descargar las emociones negativas con la comida son varias y es muy necesario observarlas para poder atajarlas con maestría. 
 
1. Se originan por la necesidad de llenar un vacío interior. A veces, sentimos un vacío existencial que tratamos de resolver a través de un atracón, el resultado final es que el vacío se agranda. 
 
2. Sensación de abandono y de miedo. ¿Te sientes solo, abandonado, tienes miedo?  Queremos llenar esa sensación de tristeza que nos provoca el abandono y la soledad, como si pudiéramos engullir la tristeza y hacerla desaparecer, nada más lejos de la realidad si no como de forma acertada.
 
3. Cansancio, estrés. Las actividades del día a día, nuestros quehaceres incesantes, el ir y venir frenético de la vida diaria, nos provoca un cansancio en alza que tratamos de satisfacer aumentando la ingesta alimentaria con falsos productos energéticos llenos de grasas hidrogenadas tan perjudiciales para la salud. Y de esta forma, el cansancio, lejos de disminuir, se alimenta.
 
4. Frustraciones. Cuándo engullo para eliminar la frustración que siento por no haber conseguido aquello que pretendía, o me siento defraudado con alguien cercano porque no ha respondido adecuadamente a las expectativas que sentía, me creo que el alimento me suplirá esa falta. Aquí también me equivoco. 
 
5. Engullir como hábito. Otras veces, asociamos momentos de nuestra vida a engullir alimentos, por ejemplo, cuándo veo una película, o en las reuniones sociales. Este hábito se puede cambiar. Tú decidiste ponerlo, tu debes elegir quitarlo.
 
6. Aburrimiento. Nos aburrimos, no sabemos en que emplear las horas o bien queremos evitar tareas que no nos apetecen hacer. Me levanto, abro la nevera y empieza mi picoteo diario. ¿he salido de esta forma de mi aburrimiento? La respuesta es NO.
 
Ahora voy a hacer una serie de preguntas antes de sentarme a comer: 
 
1. Cuando picoteo entre horas. ¿Qué estoy evitando? 
 
2. ¿Hay alimentos que prefiero tomar cuando siento alguna de las razones anteriores?

3. ¿Qué sensaciones físicas estoy experimentando? Sudor, palpitaciones, aburrimiento, desanimo….
 
4. ¿He aumentado de peso en los 6 últimos meses? 
 
5. ¿La comida me controla o yo controlo a la comida?
 
 ROMPE EL CICLO  ¡¡¡¡AHORA, YA!!!!
 
Cada uno de nosotros sabemos que emoción subyace a cada atracón. 
Es necesario en primer lugar desenmascararla para poder atacarla de frente. 
 Pienso en esa emoción, la siento físicamente, la desenmascaro y la afronto, o la acompaño si no puedo eliminarla. Solo aceptando o enfrentando esa emoción, lograré no utilizarla como arma arrojadiza y dejaré de usarla como excusa para atracar la cocina. 
 Lo siguiente que haremos será sentir realmente el hambre física en el estómago, solo así sabremos diferenciar entre hambre física y emocional. 
Realiza una actividad contraria a la razón que te provoca comer de forma compulsiva. 
Por ejemplo, si como porque estoy aburrida, realiza alguna actividad que sea placentera para ti, vete a dar un paseo, lee aquello que te gusta, pero algo que consiga ejercitarte, que te llene de energía. Si es el cansancio, descansa un rato, medita, deja tu mente en blanco, enfría tu cerebro. Si me siento abandonado, considera que a veces es mejor estar solo que mal acompañado, piensa que pese a que haya alguien que no quiere estar contigo, hay otros que si te necesitan, especialmente te necesitas tu, te tienes a ti mismo. 
 
Y así iremos haciendo con cada emoción, la analizamos, y buscamos el recurso que cada una de ellas necesite.